Probióticos Infantiles
Los probióticos son cepas vivas de microorganismos que apoyan la salud general, especialmente en el sistema digestivo y el sistema inmunitario, mientras que los prebióticos promueven el crecimiento de estas bacterias saludables.
El sistema digestivo está habitado por billones de bacterias que forman un ecosistema equilibrado, es el microbioma o flora intestinal.
El microbioma intestinal puede desequilibrarse debido a la toma de determinados medicamentos, a una dieta desequilibrada o ciertas patologías provocando problemas de salud como un sistema inmunitario debilitado, una mala absorción de nutrientes o incluso afectar al desarrollo del cerebro, la cognición y el estado de ánimo por el estrecho vínculo que existe entre ambos (conocido como eje intestino-cerebro).
El aporte de probióticos y prebióticos infantiles es especialmente beneficiosos para apoyar el correcto funcionamiento del tracto intestinal y garantizar un sistema inmunitario saludable en niños con problemas de estreñimiento, diarrea infecciosa, inflamación intestinal o síndrome del intestino irritable.
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Los probióticos infantiles son productos formulados específicamente para los más pequeños, que contienen distintas cepas de bacterias beneficiosas en concentraciones adecuadas. Su principal objetivo es favorecer la correcta maduración del sistema inmune y mantener el equilibrio de una microbiota intestinal en desarrollo.
Se diferencian de los probióticos para adultos principalmente en tres aspectos:
- La forma de administración, ya que los infantiles se presentan en gotas, sobres o comprimidos masticables.
- Las cepas utilizadas, con predominio de Lactobacillus rhamnosus GG o Bifidobacterium infantis, especialmente adecuadas para el intestino inmaduro.
- La concentración, que suele oscilar entre 1 y 5 mil millones de UFC, aproximadamente una décima parte de la dosis habitual en adultos.
Existen formulaciones adaptadas desde los primeros meses de vida hasta edades más avanzadas de la infancia.
Puedes dar probióticos a un niño o bebé siempre que quieras, ya que los estudios certifican que no son perjudiciales y que pueden reforzar sistemas como el inmunológico y el digestivo. Hay situaciones especiales en las que es muy recomendable el uso de probióticos en niños, donde los beneficios están contrastados por estudios clínicos, que son:
- Junto a un tratamiento con antibióticos, para prevenir o contrarrestar las diarreas asociadas a la toma de este tipo de medicamentos, reestableciendo la microbiota intestinal alterada.
- Cuando aparecen diarreas, ya que los probióticos acortan la duración y la intensidad de las mismas, sobre todo las de tipo vírico.
- En bebés con cólicos relacionados con trastornos digestivos funcionales, donde la cepa Lactobacillus reuteri es una de las más estudiadas y efectivas.
- Para el estreñimiento infantil, ya que mejora la consistencia y la frecuencia de las deposiciones.
- Para prevenir catarros e infecciones del tracto respiratorio, ya que fortalecen la inmunidad.
- En afecciones de la piel como dermatitis atópica o eccema, los probióticos pueden mejorar los síntomas asociados.
Siempre debes seguir las indicaciones del fabricante del producto. Por norma general, se recomienda administrar una dosis diaria y separada de las comidas, para facilitar que las bacterias lleguen al intestino evitando el efecto de los ácidos gástricos.
En cualquier caso, es aconsejable consultar con el pediatra antes de iniciar la toma de un probiótico (o cualquier otro suplemento), especialmente si el niño tiene menos de un año.
Existen probióticos infantiles que pueden administrarse desde los primeros días de vida. Suelen formularse en gotas y están destinados, entre otros usos, a aliviar los cólicos del lactante y a favorecer el desarrollo de una microbiota intestinal saludable en el recién nacido.
Es fundamental utilizar productos específicamente diseñados para lactantes, que contengan cepas seguras y bien estudiadas en esta etapa temprana.
Existen varias diferencias importantes entre un probiótico y un yogur. Mientras que el yogur cumple una función principalmente nutritiva, los probióticos están diseñados para ejercer funciones terapéuticas, especialmente en la digestión y el sistema inmunitario. Los yogures contienen únicamente dos tipos de bacterias (Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus), mientras que los probióticos incluyen cepas específicas, seleccionadas y estudiadas en laboratorio por sus beneficios concretos.
Además, la dosis de microorganismos en los probióticos es mucho más alta que en los yogures, lo que permite alcanzar una concentración eficaz en el intestino. Por último, el efecto de los probióticos sobre el microbioma está demostrado en ensayos clínicos, mientras que el impacto del yogur en este sentido es limitado y carece de finalidad terapéutica.

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