¿Retienes líquidos? Estos son los principales síntomas, causas y tratamiento
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La retención de líquidos es una condición que afecta especialmente a las mujeres, aunque también puede presentarse en hombres. Existe una mayor predisposición en personas mayores, con sobrepeso o con un estilo de vida sedentario. En el caso de las mujeres, factores como el síndrome premenstrual y el embarazo aumentan el riesgo de retención debido al impacto de los cambios hormonales sobre el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Además, el calor y el uso de determinados medicamentos (como anticonceptivos o antiinflamatorios) se encuentran entre los principales factores externos que favorecen su aparición.
Aunque no se considera una enfermedad en sí misma, la retención de líquidos puede estar asociada a patologías graves, como la insuficiencia cardíaca o la insuficiencia renal. Muchos pacientes confunden la celulitis con la retención de líquidos, pero, aunque a veces puedan coexistir, son afecciones distintas que conviene diferenciar para aplicar el tratamiento más adecuado.
Hoy nos adentramos en el mundo de la retención de líquidos desde una perspectiva global: analizaremos qué la desencadena, cómo identificarla, qué tratamientos ayudan a reducir sus signos visibles y cuáles son los mejores consejos para prevenirla.
Entendiendo la retención de líquidos: ¿Qué sucede realmente en nuestro organismo?
Empecemos por el principio. La retención de líquidos, como su nombre indica, es una acumulación anormal de agua en los tejidos del cuerpo. Esta acumulación se produce cuando uno de los sistemas encargados de regular el equilibrio hídrico no drena correctamente el líquido intersticial, es decir, el que se encuentra entre las células. Como consecuencia, ciertas zonas del cuerpo se hinchan, lo que clínicamente se conoce como edema.
En casos moderados o graves, se pueden retener entre un 5 % y un 10 % del peso corporal en agua, lo que equivale a 4–7 kilogramos de líquido acumulado. Nuestro cuerpo cuenta con dos grandes sistemas que regulan el movimiento de líquidos: el sistema circulatorio y el sistema linfático.
- El sistema circulatorio es el conjunto de órganos y vasos que transporta la sangre, llevando oxígeno y nutrientes a los tejidos y eliminando los desechos metabólicos.
- El sistema linfático es una red complementaria que recoge el exceso de líquido entre los tejidos y transporta la linfa, un fluido que contiene proteínas, grasas, células inmunitarias y desechos, devolviéndolos al torrente sanguíneo.
En condiciones normales, existe un equilibrio entre los mecanismos que permiten la filtración y reabsorción de líquidos entre los vasos y los tejidos. Cuando ese equilibrio se rompe, aparece la retención.
Síntomas habituales de la retención de líquidos: Cómo reconocerlos
La retención de líquidos viene caracterizada por la aparición de diferentes síntomas que son fácilmente reconocibles:
- Hinchazón: Quizás es el síntoma más característico de esta afección, ya que viene dado por el desequilibrio del organismo a la hora de regular el equilibrio de agua. Se produce un edema sobre todo en piernas, tobillos, pies o manos, ya que la gravedad favorece que el líquido se acumule en las zonas más bajas del cuerpo, en donde el retorno venoso requiere más trabajo.
- Pesadez en las extremidades: Directamente relacionada con la hinchazón, la persona que lo padece siente como las extremidades se vuelven pesadas.
- Menor movilidad articular: La acumulación de líquidos afecta al normal desenvolvimiento de las articulaciones, dificultando su movilidad.
- Aumento de peso en poco tiempo: Como hemos comentado anteriormente, personas que sufren de retención de líquidos pueden ver su peso aumentado en varios kilogramos.
- Marcas en la piel al presionar: Debido al edema, se producen marcas al presionar que al poco tiempo vuelven a su estado original.
Causas de la retención de líquidos
La retención de líquidos puede tener un origen fisiológico o patológico.
Retención fisiológica:
Se trata de una alteración leve, transitoria y reversible, que no implica una enfermedad subyacente. Las principales causas son hábitos de vida inadecuados, como el sedentarismo, la falta de ejercicio físico o una alimentación rica en sal, temperaturas elevadas que provocan vasodilatación periférica y dificultan el retorno venoso, o alteraciones hormonales, como las que se producen durante el ciclo menstrual o el embarazo, que favorecen la acumulación de líquidos. Este tipo de retención suele mejorar con movilidad, drenaje linfático y hábitos saludables.
Retención patológica:
Se produce cuando existe una enfermedad o trastorno subyacente que afecta al equilibrio hídrico del organismo. Algunas causas frecuentes incluyen insuficiencia cardíaca, que aumenta la presión venosa, trastornos renales, que alteran la filtración y reabsorción de líquidos o trombosis venosa profunda, que bloquea el retorno venoso y genera edema localizado. En estos casos, el edema suele ser persistente, más severo y, a veces, doloroso, por lo que es imprescindible consultar con un médico para una valoración y tratamiento adecuados.
Es importante destacar que ciertos medicamentos, como corticoides, anticonceptivos hormonales o algunos antihipertensivos, también pueden provocar retención de líquidos. Por ello, es importante extremar las precauciones y no automedicarse sin supervisión médica.
Tratamientos para la retención de líquidos: Consejo farmacéutico
Tras haber explicado la fisiología, la sintomatología y las causas de la retención de líquidos, llega la pregunta clave: ¿qué podemos hacer si sufrimos esta afección?
- El primer paso es modificar los hábitos de vida negativos, ya que la retención de líquidos suele estar relacionada con el estilo de vida. La alimentación juega un papel fundamental: reducir el consumo de alimentos ricos en sal contribuye a disminuir el edema, especialmente en las extremidades.
- Esta medida debe ir acompañada de ejercicio físico regular, como caminar, nadar o realizar actividades que favorezcan el retorno venoso y linfático.
- Además, existen productos de fitoterapia que pueden ser muy efectivos. Los extractos de plantas con acción drenante, diurética y venotónica favorecen la eliminación de agua, mejoran la circulación, y tienen propiedades antiinflamatorias y depurativas. Entre los activos más utilizados se encuentran el diente de león, cola de caballo, ortiga verde, fucus, vid roja y centella asiática.
En el mercado existen formulaciones combinadas que han demostrado buenos resultados, como Lynfase de Aboca, Drenaqua de Cumlaude o Aquilea Drenante.
Finalmente, en casos más moderados o graves, y siempre bajo prescripción médica, pueden utilizarse diuréticos farmacológicos. Estos medicamentos deben emplearse con precaución, ya que pueden alterar el equilibrio electrolítico si no están correctamente controlados.
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Escrito por:
Juan Moreno,
Farmacéutico
Farmacéutico Licenciado por la Universidad de Granada. Máster en Dirección y Gestión Empresarial. Máster en Farmacia y Tecnología Farmacéutica