Qué es AHA y BHA: la guía farmacéutica para usar ácidos exfoliantes sin dañar tu piel
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Puede que no los identifiques por sus siglas, pero si te interesa el cuidado de la piel es muy probable que ya hayas utilizado alguno de ellos. Los alfa-hidroxiácidos (AHA) y los beta-hidroxiácidos (BHA) son las dos grandes familias de ácidos exfoliantes, moléculas capaces de acelerar la renovación celular y mejorar progresivamente la textura y el aspecto de la piel.
Aunque ambos comparten una acción exfoliante, su mecanismo de actuación es diferente. Los AHA actúan principalmente sobre la superficie cutánea, eliminando las células muertas y aportando luminosidad, por lo que son especialmente útiles en pieles normales, secas o con textura irregular. En cambio, los BHA son liposolubles y penetran en el interior del poro, donde ayudan a eliminar el exceso de sebo y las impurezas, convirtiéndose en la opción de elección para pieles grasas o con tendencia acneica.
El ácido glicólico y el ácido salicílico son los representantes más conocidos de cada grupo, aunque existen otros ácidos con propiedades muy interesantes. Eso sí, no todo vale: elegir el ácido adecuado, la concentración correcta y la frecuencia de uso es fundamental para obtener buenos resultados sin comprometer la barrera cutánea. En esta guía analizamos cómo funcionan estos activos y cómo incorporarlos a la rutina para sacarles el máximo partido con seguridad.
Exfoliación química vs exfoliación física: por qué los ácidos son los reyes de la dermofarmacia
La exfoliación es un proceso mediante el cual se eliminan las células muertas acumuladas en la superficie de la piel para favorecer su renovación y mejorar su aspecto. Durante muchos años la exfoliación física con microgránulos era el gold standard de la exfoliación, pero ha quedado relegada por alternativas más eficaces y respetuosas con la piel. Aunque elimina las células muertas por fricción, este mecanismo puede producir pequeñas lesiones en la barrera cutánea, favoreciendo la deshidratación, la irritación y el aumento de la sensibilidad, especialmente en pieles reactivas o con patologías dermatológicas.
Frente a ello, la exfoliación química actúa mediante ácidos como los AHA, BHA o PHA, que rompen los enlaces que mantienen unidas las células muertas del estrato córneo. Este proceso favorece una descamación uniforme y controlada, acelerando la renovación epidérmica sin necesidad de fricción y respetando mejor la integridad de la barrera cutánea.
Desde el punto de vista farmacéutico, los exfoliantes químicos ofrecen beneficios que van más allá de la simple renovación superficial. Mejoran la textura de la piel, ayudan a mantener los poros limpios, aportan luminosidad desde las primeras aplicaciones y favorecen la penetración de otros activos cosméticos. Por su eficacia y mejor tolerancia, constituyen la opción de referencia en la dermocosmética actual.
Qué son los Alfahidroxiácidos (AHA)
Los alfahidroxiácidos (AHA) son una familia de ácidos ampliamente utilizados en dermocosmética por su capacidad para mejorar la textura, la hidratación y la luminosidad de la piel. Entre ellos se encuentran el ácido glicólico, láctico, mandélico, cítrico, málico y tartárico, moléculas que comenzaron a utilizarse de forma habitual a partir de la segunda mitad del siglo XX para tratar la sequedad cutánea y las alteraciones que cursan con descamación.
Su efecto varía en función de la concentración empleada. A bajas concentraciones actúan principalmente como hidratantes, ya que favorecen la retención de agua y mejoran la elasticidad de la piel. A concentraciones intermedias producen una exfoliación suave, eliminando las células muertas superficiales y consiguiendo una piel más lisa y luminosa. En concentraciones elevadas, utilizadas habitualmente en peelings químicos profesionales, estimulan intensamente la renovación celular, ayudan a reducir el grosor del estrato córneo, minimizan el aspecto de los poros y atenúan las líneas de expresión y las arrugas finas.
El representante más conocido es el ácido glicólico. Al ser el AHA de menor tamaño molecular, penetra con mayor facilidad y ofrece una acción exfoliante e hidratante más intensa. En cambio, otros como el ácido mandélico o el ácido láctico presentan moléculas de mayor tamaño, por lo que su penetración es más lenta y su acción resulta más progresiva. Esta mejor tolerancia los convierte en una excelente opción para pieles sensibles o para quienes se inician en el uso de ácidos exfoliantes.
Qué son los betahidroxiácidos (BHA)
Los betahidroxiácidos (BHA) son una familia de ácidos exfoliantes caracterizados por ser liposolubles, una propiedad que les permite penetrar en el interior del poro y actuar allí donde se acumulan el sebo y las impurezas. A diferencia de los AHA, cuya acción se centra principalmente en la superficie de la piel, los BHA ejercen una exfoliación más profunda y, en términos generales, suelen ofrecer una buena tolerancia cutánea.
Dentro de esta familia, el único ingrediente con una sólida evidencia científica y un uso ampliamente consolidado en dermocosmética es el ácido salicílico. Gracias a su capacidad para disolver el exceso de grasa y favorecer la renovación celular, se ha convertido en uno de los activos de referencia para el cuidado de las pieles grasas y con tendencia acneica.
Además de exfoliar el interior del poro, el ácido salicílico ayuda a regular la producción de sebo, desobstruye los poros y reduce la formación de puntos negros e imperfecciones. A ello se suman sus propiedades queratolíticas y antiinflamatorias, que contribuyen a disminuir el enrojecimiento asociado al acné y a mejorar progresivamente la textura de la piel. Por todo ello, es uno de los ingredientes más recomendados desde la farmacia para mantener la piel limpia, uniforme y con menos imperfecciones.
El secreto de la formulación farmacéutica: por qué el porcentaje no lo es todo
Al elegir un cosmético con ácidos exfoliantes es habitual fijarse únicamente en el porcentaje del activo, pero este dato por sí solo no determina su eficacia. El verdadero secreto está en la formulación y, especialmente, en el pH, ya que condiciona la cantidad de ácido libre capaz de actuar sobre la piel. Para que un ácido exfoliante mantenga su actividad biológica, el pH suele situarse alrededor de 3-4. Por este motivo, muchas formulaciones incorporan ingredientes calmantes e hidratantes que mejoran su tolerancia sin comprometer su eficacia.
Este concepto se conoce como ácido libre, es decir, la fracción del ácido que realmente ejerce la acción exfoliante. Por ello, dos productos con el mismo porcentaje pueden ofrecer resultados muy diferentes. En cosmética no solo importa la concentración, sino también el equilibrio entre eficacia y tolerancia, motivo por el que los productos de farmacia ofrecen una mayor garantía de seguridad y calidad.
Cómo saber si el producto está funcionando
Al empezar a utilizar ácidos exfoliantes puede aparecer el llamado skin purging, un aumento temporal de pequeñas imperfecciones debido a la aceleración de la renovación celular. Aunque puede resultar llamativo, suele ser una reacción transitoria y una señal de que el tratamiento está actuando.
En cambio, un enrojecimiento intenso, ardor, descamación excesiva o una sensación persistente de tirantez pueden indicar que la barrera cutánea está dañada por un exceso de exfoliación. En ese caso, lo recomendable es suspender temporalmente los ácidos y utilizar una rutina reparadora con limpiadores suaves, ingredientes restauradores de la barrera cutánea y fotoprotección diaria hasta la recuperación de la piel.
Cómo introducir los AHA y BHA en tu rutina diaria
Los AHA y BHA deben introducirse de forma progresiva para que la piel se adapte y minimizar el riesgo de irritación. Lo ideal es comenzar aplicándolos 2-3 noches por semana sobre la piel limpia y seca, aumentando la frecuencia de forma gradual según la tolerancia hasta usarlos de manera diaria. Durante el día es imprescindible utilizar un fotoprotector SPF50, ya que estos activos aumentan la sensibilidad de la piel frente a la radiación solar.
La elección del ácido dependerá del tipo de piel. Los AHA son la mejor opción para pieles normales, secas o con manchas y textura irregular, mientras que los BHA están indicados en pieles grasas, con poros obstruidos o tendencia acneica. Para evitar irritaciones, es recomendable no combinarlos inicialmente con otros activos potentes, como retinoides o vitamina C ácida, e incorporar cada producto de forma escalonada para valorar la tolerancia cutánea.
¿Tienes alguna duda sobre los ácidos en la piel? ¡Escribe en los comentarios!
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Escrito por:
Juan Moreno,
Farmacéutico
Farmacéutico Licenciado por la Universidad de Granada. Máster en Dirección y Gestión Empresarial. Máster en Farmacia y Tecnología Farmacéutica