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El mundo de los probióticos es apasionante, y su historia también. Siglos atrás, se pensaba que todos los microorganismos son patógenos, hasta que Louis Pasteur, un icono fundamental para comprender a día de hoy la evolución de este campo, descubre que existen microorganismos implicados en procesos como la fermentación y la descomposición, base para entender sus beneficios al individuo.
Al inicio del siglo XX, un biólogo ruso de nombre Elie Metchnikoff observó que campesinos que consumían yogur fermentado tenían un óptimo grado de salud, y propuso que ciertas bacterias podían sustituir a microorganismos dañinos del intestino, mejorando la calidad de vida del organismo. Durante este siglo, se desarrolló científicamente el concepto de probiótico y a finales del siglo XX e inicio del XXI los probióticos han supuesto una auténtica revolución en la mejora de la salud, aislando cepas beneficiosas para la salud ampliamente contrastadas mediante ensayos clínicos, además de intentar comprender cómo los microorganismos viven en simbiosis con el cuerpo humano en la mayoría de los órganos.
Todavía queda mucho recorrido en este campo, ya que continuamente aparecen nuevas investigaciones con resultados prometedores. Y uno de los objetivos a corto y medio plazo es entender la relación entre probióticos, lactancia materna y salud del bebé. Hoy intentamos poner un poco de luz al uso de probióticos y cómo puede afectar positivamente al bienestar del bebé. ¡Acompáñame!
La lactancia se define como la forma de alimentación primaria entre madre e hijo a través de la leche producida en el seno materno. Esta leche, denominada calostro en sus primeros días, está repleta de proteínas, agua, grasa, moléculas inmunitarias y carbohidratos. Las últimas investigaciones han demostrado que la leche materna contiene más de 700 especies de bacterias, entre las que se encuentran Weissella, Leuconostoc, Staphylococcus, Streptococcus y Lactococcus. Esta fuente natural de probióticos favorece la función digestiva del bebé y promueve el desarrollo de una microbiota intestinal saludable, lo que convierte a la leche materna en el mejor alimento para el recién nacido.
Diversos estudios han demostrado que ciertas cepas de probióticos ofrecen múltiples beneficios para la salud materna, tanto a nivel físico como emocional.
Entre sus principales efectos positivos se encuentran la prevención y reducción del dolor mamario, la mejora del tránsito y equilibrio intestinal, la modulación del sistema inmunológico y una influencia favorable en el estado de ánimo. Por ejemplo, cepas como Lactobacillus salivarius y Lactobacillus fermentum han mostrado reducir significativamente la incidencia de mastitis, una inflamación dolorosa del tejido mamario frecuente durante la lactancia [1].
Asimismo, probióticos como Lactobacillus acidophilus y Bifidobacterium lactis contribuyen a regular el tránsito intestinal y restaurar la microbiota, que puede verse alterada tras el parto. Otras cepas específicas también son capaces de estimular la producción de inmunoglobulinas, reforzando así las defensas del organismo, y han demostrado reducir niveles de estrés y ansiedad, aspectos fundamentales para el bienestar emocional durante el periodo posparto.
En relación con el bienestar del bebé, diversos estudios respaldan que la toma de probióticos por parte de la madre puede tener efectos positivos significativos. Entre estos beneficios se incluyen una mejora en la salud cardiovascular del lactante, la modulación favorable de su microbiota intestinal y posibles efectos positivos sobre el desarrollo cognitivo.
Investigaciones recientes han demostrado que el consumo de probióticos durante el tercer trimestre del embarazo y durante la lactancia modifica de forma beneficiosa tanto la microbiota de la leche materna como la del propio bebé [2]. Además, los estudios más actuales sugieren que los bebés amamantados por madres que tomaban probióticos mostraron una mayor diversidad microbiana en etapas tempranas y mejores resultados en pruebas de memoria visual.
Es completamente natural que toda madre desee garantizar la seguridad de cualquier suplemento que consuma durante la lactancia. En este contexto, surge una pregunta habitual: ¿son seguros los probióticos durante esta etapa?
La evidencia científica más reciente indica que el consumo de probióticos es seguro tanto durante el embarazo como en el periodo de lactancia. Pero no solo eso: su ingesta aporta beneficios bien documentados, como los mencionados anteriormente, que pueden favorecer tanto a la madre como al bebé.
No obstante, es fundamental elegir productos de calidad que cumplan con los estándares de seguridad y regulación. En particular, es importante que el etiquetado del probiótico detalle de forma clara el género, la especie y la cepa específica, ya que la eficacia y seguridad están asociadas a cepas concretas y no a grupos generales de microorganismos.
A la hora de tomar probióticos durante la lactancia es esencial buscar productos que estén formulados especialmente para este objetivo, conteniendo probióticos con cepas que de alguna u otra manera produzcan beneficios para la madre y para el bebé lactante.
Diferentes laboratorios formulan productos con probióticos específicos para esta etapa, incluyendo cepas presentes en la leche materna o aquellas que han demostrado ser útiles durante esta etapa. Productos como Lactanza hereditus, con Lactobacillus fermentum Lc40, o Orthomol natal con 4 cepas distintas de probióticos son productos muy recomendados en la oficina de Farmacia.
Y para ti, ¿Cuál es tu suplemento favorito durante la lactancia? ¡Escribe en los comentarios!
[1] Gil, J. G., Quintana, I. L., Lozano, N. A., Castillo, T. M. F., Morales, V. L., & Asensio, L. C. R. (2024). Mastitis y el uso de probióticos durante la lactancia: una revisión sistemática. Revista Sanitaria de Investigación, 5(7), 158.
[2] Ma, G., Li, Y., Tye, K. D., Huang, T., Tang, X., Luo, H., ... & Xiao, X. (2024). The effect of oral probiotics in the last trimester on the human milk and infant gut microbiotas at six months postpartum: A randomized controlled trial. Heliyon, 10(17).
Escrito por:
Antonio Lopez,
Farmacéutico
Licenciado en Farmacia por la Universidad de Granada y Máster en Cosmética y Dermofarmacia por CESIF.