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La microbiota intestinal, también llamada flora intestinal, es un órgano muy relacionado con la salud del organismo. Está formada por millones de bacterias, hongos y otros microorganismos que viven en nuestro intestino y trabajan en un perfecto equilibrio para mantener un óptimo estado de salud.
En ocasiones, este equilibrio se rompe, y aparece la denominada disbiosis, que se define como un desequilibrio en la composición y la función de las bacterias que nos habitan.
La disbiosis puede estar provocada por una mala alimentación, el uso de antibióticos, el estrés, las infecciones o incluso cambios hormonales. Aunque a menudo se asocia sólo con problemas digestivos, lo cierto es que una microbiota alterada afecta a todo el organismo: desde la inmunidad hasta el estado de ánimo.
La flora intestinal puede regenerarse y recuperar su equilibrio mediante la toma de probióticos, suplementos formulados con bacterias beneficiosas que favorecen el crecimiento y la salud de los microorganismos beneficiosos de nuestro organismo, junto a buenos hábitos en alimentación.
En el post de hoy explicamos cómo identificar los síntomas de una flora dañada y cuáles son las mejores estrategias para restablecerla con ayuda de la alimentación, hábitos saludables y probióticos de calidad farmacéutica. ¡Comenzamos!
Tener la flora intestinal dañada no significa haber perdido todas las bacterias beneficiosas, sino que existe un desequilibrio: unas especies proliferan en exceso y otras, las que mejoran nuestro estado de salud, disminuyen en número. Esto genera un entorno intestinal menos diverso y menos eficaz en sus funciones. Las consecuencias son, entre otras:
Una microbiota alterada se manifiesta de maneras muy variadas. Estos son los signos más frecuentes:
El intestino, en términos coloquiales, se conoce como “segundo cerebro” ya que existe una comunicación constante entre ambos órganos a través de nervios, hormonas y sustancias químicas producidas por nuestras bacterias intestinales.
Alrededor del 90% de la serotonina, un neurotransmisor y hormona que regula funciones clave como el estado de ánimo, el sueño, el apetito y la digestión, se produce en el intestino, y aunque no es la misma que actúa en el cerebro, cuando la flora intestinal está dañada, se altera esta producción y puede favorecer la aparición de trastornos del ánimo, ansiedad o depresión leve.
En este contexto han surgido los llamados psicobióticos: probióticos con cepas específicas capaces de influir en el eje intestino-cerebro. Estudios recientes muestran que algunas cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium pueden mejorar la respuesta al estrés y favorecer un mejor estado de ánimo. Esto abre una vía muy interesante de apoyo desde la farmacia no solo para el sistema digestivo, sino también para el bienestar emocional.
La regeneración de la microbiota requiere una estrategia integral basada en una alimentación adecuada, suplementación específica y hábitos de vida saludables.
Alimentación: Para mejorar el estado de salud de la flora, es importante la ingestión de prebióticos, que son fibras y compuestos vegetales que nuestras bacterias intestinales fermentan para crecer y fortalecerse. Incorporarlos en la dieta es fundamental para repoblar la microbiota. Algunos alimentos ricos en prebióticos son frutas como plátano, manzana y pera, y vegetales como cebolla, puerro o espárragos, entre otros.
Es muy recomendable reducir el exceso de ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas, ya que favorecen la proliferación de bacterias poco beneficiosas.
Probióticos: Los probióticos aportan directamente bacterias vivas en cantidades suficientes para restaurar el equilibrio intestinal.
A la hora de elegir un probiótico es fundamental fijarse en la cepa, siendo las más estudiadas Lactobacillus y Bifidobacterium, aunque también existen combinaciones adaptadas a casos concretos (como diarreas por antibióticos o problemas de la piel).
Los probióticos de farmacia aseguran pureza, estabilidad y seguridad, y además tu farmacéutico puede orientarte sobre cuál es el probiótico más adecuado según tus síntomas o situación (tras un tratamiento antibiótico, en periodos de estrés, durante viajes, etc.) Por norma general se recomienda tomar probióticos antes o después de las comidas, ya que se favorece la llegada al intestino por la menor concentración de ácido estomacal. Sin embargo, cada fabricante especifica la correcta administración del producto en cuestión, ya que va a depender de la forma farmacéutica y del tipo de cepa.
En cuanto al tipo de comida, es recomendable no tomarlos después de comidas muy calientes o junto a bebidas alcohólicas o ácidas como el zumo de naranja, ya que puede verse comprometida la calidad y estabilidad de las cepas de microorganismos.
Hábitos de vida que protegen tu microbiota: La salud intestinal no depende solo de lo que comemos o tomamos, nuestros hábitos cotidianos son claves. El descanso regula el sistema inmunitario y favorece la estabilidad de la microbiota, por lo que un sueño reparador es importante.
Controlar el estrés es fundamental, ya que el cortisol elevado altera el equilibrio intestinal, y una actividad física regular con hábitos diarios como caminar, nadar o practicar yoga favorece la diversidad bacteriana. Un detalle importante es evitar el consumo excesivo de antibióticos y antiácidos, ya que pueden alterar profundamente la flora.
¿Tienes alguna duda sobre los probióticos? Escribe en los comentarios
Escrito por:
Juan Moreno,
Farmacéutico
Farmacéutico Licenciado por la Universidad de Granada. Máster en Dirección y Gestión Empresarial. Máster en Farmacia y Tecnología Farmacéutica